La música de James es una experiencia liberadora. Sin temibles aspavientos ni vocación de complicarse la existencia, la banda tiende líneas precisas que se ven reflejadas en armonías y arreglos prístinos y melodías de filigrana evitando, de paso, caer en excesiva complacencia. Es decir, canciones que acarician sin mimar. Al frente, lo dijimos, permanece Tim Booth, un tipo de voz profunda (que por instantes puede tentar similitudes con la de Bono) y de reconocible falsetto. Un hombre que no se conformó únicamente con los micrófonos, sino que ha explorado otros rincones del arte, como el ballet. Detrás de él, músicos entrenados para confeccionar los fondos propicios de cada interpretación, entre ellos: Jim Glennie (bajo), Larry Gott (guitarra, teclados, flauta; sucesor del guitarrista original: Paul Gilbertson), David Baynton-Power (batería) y Andy Diagram (trompeta). Una noche con James no podría ser completa sin canciones como “Say Something”, “Laid”, “Born of Frustration”, “She’s a St...
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